El delirio de la fe

maduro_y_capriles.jpg

Se califica a sí mismo como apóstol de Chávez, no deja de invocar su presencia en todo momento y lo percibe en cada ser viviente, buscando descifrar su mensaje hasta en el trino de los pájaros. Nicolás Maduro ha jurado gobernar en el nombre del padre.

La propaganda que el oficialismo utilizó para esta campaña no sólo tiene como imagen principal una foto de Chávez sonreído mirando al horizonte y un mensaje de apoyo a Maduro de su puño y letra, sino que además ensalza al controversial líder socialista al borde de lo sobrehumano.

Los pocos activistas que se quedan en casa pueden rezarle a quien ya ha sido equiparado a la figura de un Jesucristo predicador, campeón de los pobres y de las caridades en toda América.

"Ha florecido la espiritualidad colectiva de un pueblo bueno, de un pueblo cristiano, de un pueblo que ofrenda su obra y su vida a Dios, a cristo redentor y al comandante Chávez como guía espiritual de esta patria", dijo Maduro en su discurso de cierre de campaña. Chávez y la Santísima Trinidad.

Unas pequeñas estatuas de yeso pintado que evocan a un Chávez militar con boina y mirada férrea se multiplican en las tiendas religiosas al fragor de las peticiones. Velas rojas para alumbrarlo hasta el día de la elección. Y más allá.

"Apoyo a Maduro porque lo dejo Chávez para que tenga el país como él soñaba. Tiene que portarse bien, sino le halamos las orejas", dijo Rosa Carvallo, una anciana que esperaba el pase de la caravana de Maduro en Sabaneta de Barinas, lugar escogido por el oficialismo para invocar al líder al iniciar la contienda.

No hacen falta las aclaratorias.

En una campaña mística en que no han faltado las referencias a una obcecada fe, los venezolanos se encomendarán el domingo a los candidatos en espera de que hagan el milagro de procurarles un mejor futuro: unas calles en donde se pueda caminar de noche sin miedo, la reconciliación del país, un trabajo con un sueldo que llegue a fin de mes, una vida menos difícil.

Sin querer ser bajado al pleno de lo terrenal, Henrique Capriles también es venerado por sus acólitos.

"El tiempo de Dios es perfecto y el tiempo de Dios ya llegará", dijo el opositor en su controversial discurso tras conocerse la derrota que recibió en las presidenciales del 7 de octubre, cuando quedó 11 puntos porcentuales detrás de un Chávez que dejó en la campaña su último aliento.

Los afiches y las vallas del opositor han escaseado esta vez -¿qué financista aguanta dos campañas en seis meses?-, pero no faltan unas diminutas tarjetitas de papel parecidas a estampitas de santo con la foto del candidato con sonrisa de superhéroe que reparten con fervor sus activistas en las calles.

Los más creyentes las plastifican y cuando lo divisan en las calles, con el sol rebotando en sus camisas amarillas, turquesas, naranjas y envuelto en el velo de la enorme popularidad que se ha granjeado en los últimos meses, se la llevan al pecho en plan de oración.

"¿Cómo no vamos a luchar? No se trata de mi, no es el interés individual. Por alguna razón yo estoy sentado aquí, divina creo yo", dijo Capriles con los ojos vidriosos al aceptar la candidatura que la había ofrecido la coalición opositora, tras días de dudas y conjeturas sobre su posible declinación.

Al término de otro maratónico recurrido, uno más de una frenética campaña en que Capriles intentó convencer a opositores y chavistas con el evangelio del voto castigo, Capriles jura volver a la isla de Margarita el 15 de abril a pagarle los favores a la virgen del Valle, de quien se ha confesado devoto.

"Santa madre, cúbrenos con tu manto para salir adelante", dice casi susurrando para luego alzar la voz como el guerrero que se persigna antes de plantar su lanza en el suelo.

"¡Aquí estamos, listos para la lucha, listos para que amanezca una nueva Venezuela!", brama él. La multitud brama también.

Recibe una gorra bordada con la cara de la virgen que engrosará la lista de objetos religiosos que hoy hacen de su comando de campaña casi una capilla de oración, con imágenes, escapularios, rosarios y conjuras.

"¡Qué cruzada más bonita! ¡Qué cruzada llena de esperanza! Yo decreto que lo que viene para el pueblo son bendiciones, luz para nuestro pueblo", dijo ante una abarrotada avenida Venezuela de Barquisimeto, la más ancha del país, al cierre de la campaña.

Los dos candidatos lograron encender a los venezolanos desde adentro, pintando con fervor en sus ojos la llama da la fe. Se hace la magia de los fuegos artificiales, los brazos se levantan al cielo, lágrimas ruedan por las mejillas, sendas explosiones lanzan millones de papelitos coloridos que quedan suspendidos en la atomósfera como queriendo detener el tiempo.

Tras sus delirantes discursos, los ánimos de la multitud vuelven a su cauce y queda ese vacío en el estómago que deja el haberse entregado a ciegas a la ilusión de creer.

|

Comentarios

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar