La ubre de un país

1352908859444-Uslar.JPGLa entrada del foro en el Celarg estaba adornada con decenas de afiches de terribles accidentes petroleros en distintos países de América Latina y, como marca de fábrica, el logotipo de las petroleras autoras de los ecocidios.

Me esforcé en escrutarlos todos. El último de ellos, ya en la entrada de la sala donde se efectuaban las conferencias, sobre un backing blanco impecable, tenía impreso un poema muy triste que redundaba en los daños que las petroleras le han hecho a las comunidades en donde se asientan.

Pero no fue el texto lo que más llamo mi atención, sino la foto de fondo, en donde unos niños parecían jugar tranquilos de la vida, ajenos a la terrible realidad de una instalación petrolera en llamas a sus espaldas. La foto no era de aquí. De hecho, creo que ninguna lo era ni por casualidad figuraba el logotipo de Petróleos de Venezuela.

No se les ocurrió a los organizadores poner una foto de la tragedia de Amuay, pensé. Y eso que sus terribles imágenes aun flotan en la memoria colectiva.

El foro era un intento por enfocar lo que muchos insisten en llamar "la tragedia petrolera" del país desde la perspectiva socialista. Varias de las exposiciones, y particularmente las preguntas, se regodeaban en el concepto de la maldición de los recursos naturales que a juicio de muchos azota a Venezuela en una suerte de letanía colectiva que rememoraba la célebre frase de Pérez Alfonzo.

El "extractivismo" como se le dice ahora, o el "rentismo" como siempre se le ha conocido aquí, es tan viejo en Venezuela como el brote mismo del primer chorro de petróleo. No nos hemos independizado de nada, de hecho, cada vez nos encadenamos mas fuerte a la tubería de donde mana el petróleo sin que hasta ahora nos hayamos puesto de acuerdo en cómo distribuir la inmensa riqueza que nos deja y que -esto lo digo yo- gracias a Dios sigue generando.

"Primero hay que reconocer que existe la renta para luego discutir cómo se distribuye", me dijo una vez Bernard Mommer, ideólogo de la política petrolera socialista, tras mucho yo insistir durante una entrevista que me concedía a regañadientes en dejar atrás el tema de las regalías y los cambios fiscales de los que había sido autor para enfocarnos en la intensa borrachera de recursos que de tanto en tanto, cada vez que por fortuna suben los precios del crudo en los incomprensibles mercados foráneos, nos marea.

La discusión fue fútil y lo sigue siendo. A los venezolanos nos encanta decir que tenemos el país más: (complete usted lo que quiera). Pero nadie se detiene a pensar de donde salen los recursos que mueven nuestros engranajes. Mientras haya, ráspaselo.

Cuando creo que comenzamos a debatir con seriedad el futuro de la industria y las posibles formas de diversificar una economía monopólica y monodependiente, me sale un ilustrado con una idea nueva de como reemplazar los numerosos fondos parafiscales que ha creado el gobierno de Hugo Chavez con otro que resultará mejor, más eficiente, menos corrupto y presto a resolver todos y toditos los problemas de este país en un tris. ¿Con qué dinero? Con los reales del petróleo, claro está.

Cuando creo que he logrado convencer a alguien de que algún día hay que aumentar el precio de la gasolina, me saltan 20 de mis amigos en Facebook a decir que el subsidio a la gasolina, un subsidio grosero, insostenible y dañino (adjetivos míos) con el que PDVSA ya llegó el punto no de regalarnos el combustible sino de pagarnos para que lo recibamos; es nuestro por derecho de nacimiento, el único beneficio que recibimos de haber tenido al accidente geográfico de venir a caer (y padecer) en esta tierra petrolera. PDVSA que se joda.

"Aquí estamos cerca de que la gente salga con un cartelito a protestar para exigir que le aumenten el precio de la gasolina", dijo Víctor Alvarez, ex ministro de Chávez, en el foro.

Muchas melenas largas al descuido, boinas de todos colores, bufandas y collares étnicos, pero la gente no prestaba atención. Estaban más interesados en que llegara la hora del almuerzo y cada cinco minutos le recordaban el expositor el tiempo que llevaba hablando. Después me di cuenta de que también estaban más interesados en hacer sus propias disertaciones. Las preguntas y respuestas demoraron más de una hora y de ellas concluyo que muchos no entendieron ni pio de lo que los ponentes quisieron decir.

Aborte la misión de esperar a los expositores afuera para hacer mis preguntas. Me fui a almorzar y al regreso me increpó una señora con el ceño fruncido si el refresco que llevaba en la mano era del foro, pues a ella después de escuchar por horas una sarta de disertaciones no le habían dado nada.

"Vienen a los foros a comer. Ya sabemos quiénes son. Se meten en las salas y después acaban con los refrigerios", me dijo murmurando un empleado del Celarg que escuchó el intercambio.

Subí de nuevo las escaleras sin ánimo ya. Una caricatura de Arturo Uslar Pietri adornaba la antesala como parte de una serie de retratos de los ganadores del premio Rómulo Gallegos. El único venezolano era Uslar.

Me da la impresión de que lo de "sembrar el petróleo" terminó por ser un chiste colectivo.

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