Perro picado vale por dos

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Todo el mundo llora y se aflige cuando oye la palabra "perropicado", pero a mi me hace muy feliz porque desde que lo tenemos en casa mis morochos, que antes se peleaban por los juguetes, su turno para el baño, el Wii y las mascotas; ahora juegan por separado, uno con la cabeza que intenta lamer a cada rato, jadea y mueve las orejas, y otro con la inquieta cola.

Después de un fin de semana agotador, Marcos y Diego comparten cuentos al anochecer. Antes dormían juntos para hacerse compañía, cayéndose a puños y patadas mientras soñaban y roncaban y despertándose al día siguiente con el ceño fruncido por la mala noche, pero desde que Perropicado está con nosotros, cada quien se duerme en la cama que le corresponde de la litera con su respectivo acompañante, que se enrolla a sus pies y pasa la noche tranquilito.

Cuando uno va al colegio solo porque el otro está enfermo, ya no lloran, porque la cabeza o la cola se queda en la casa de enfermero. Y cuando la vecina, Miranda, va a la casa, el juego se convierte en una fiesta y tengo que intervenir en algún momento de la noche para devolver a la tierna visitante a su apartamento y obligar a los míos a dormir. Hasta otro día.

(Este cuento es para Marcos, Diego y Miranda y se inspira en la serie de postales Perropicado Suite que se hizo por el decimo aniversario del libro homonimo de Gerald Espinoza y Reyva Franco)

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Comentarios

Me gustó.. Te invito a pasar por mi blog, y leer algunos de mis cuentos. La opinión tuya me va a ser útil.

Saludos!!!

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